Ya tenemos abierto un blog en Noblogs: laescoria.noblogs.org. Se supone que es una organización de grupos más o menos afines, tipo Sindominio o Nodo50, pero italianos. Echarle un ojo y decidamos con cual nos quedamos. Por mail os enviaré el nombre de usuario y la contraseña. De salida blogspot me parece más sencillo de trabajar, pero yo soy un torpe. Decídamos pronto y pongamos manos a la obra.
Salud, blogs y anarquía
Mateo
27-10-07
la escoria
LO QUE QUEDA CUANDO TODO SE QUEMA
10.27.2007
10.20.2007
CUIDADO CON LA CENSURA

Me dicen que los bloggers comerciales, como este blogspot, aun siendo el más tolerante, censuran los contenidos de los mismos, tanto desde un punto de vista político como moral. Me han contado casos. Simplemente te borran un texto o una imagen y luego te avisan por mail. Es fácil suponer que no tardaremos mucho en enfrentarnos a este problema. Un compa de Barna me habla de la posibilidad de colgarlo en un servidor de blogs alternativo llamado Noblogs,org, que depende de un colectivo italiamo llamado autistici , de intereses y objetivos marcadamente políticos. El se compromete a hacer la gestión. De hecho, la va a hacer. Os mantendré informados. Por lo demás un fraternal saludo a Rag Cutter y a Sonia A. por poner en marcha esta iniciativa de una puñetera vez.
Desde La Rosa de Fuego
Salud y Anarquía
Mateo
20-x-07
9.20.2007

Alexandre M. Jacob
Por qué he robado
y otros escritos
Traducción de Javier Rodríguez Hidalgo
[pepitas de calabaza ed.] · Logroño, septiembre de 2007 ·
Antes que verme enclaustrado en una fábrica, como en una cárcel, antes que mendigar aquello a lo que tengo derecho, he preferido sublevarme y combatir metro a metro a mis enemigos, haciendo la guerra a los ricos, atacando sus bienes. Cierto, puedo concebir que ustedes habrían preferido que yo me sometiera a sus leyes; que, como obrero dócil y acobardado, hubiera creado riquezas a cambio de un salario irrisorio y, cuando mi cuerpo estuviese gastado y mi cerebro embrutecido, me hubiera ido a morir a una esquina de la calle. Entonces no me llamarían «bandido cínico», sino «honrado trabajador». Valiéndose de la adulación, ustedes me habrían otorgado incluso una medalla al trabajo. Los curas prometen un paraíso a sus estafados; ustedes son menos abstractos y por eso ofrecen un trozo de papel mojado. Les agradezco mucho tanta bondad y tanta gratitud, señores. Prefiero ser un cínico consciente de sus derechos que un autómata o una estatua. […]
* * *
Alexandre M. Jacob ha sido, hasta la fecha, uno de los más célebres bandidos anarquistas de todos los tiempos. Sus peripecias vitales han dejado necesariamente una poderosa huella: la red de «robo científico» que tejió junto a sus compañeros ha servido de inspiración en más de una ocasión a la literatura —los casos más sonados son Arsenio Lupin y El ladrón de Georges Darien—, y su actitud ha influido en la forma de actuar de diferentes generaciones de rebeldes sociales desde entonces hasta nuestros días.
Los textos que en este libro aparecen recogidos, escritos todos con posterioridad a su detención, nos dan una visión clara de la clase de hombre que era y de los motivos que impulsaban su actividad. Sus explicaciones, como sus actos, son de una claridad meridiana: nada mejor que sus propias palabras para apartar de nuestra vista la cortina de humo que convierte la actividad de un hombre consecuente en un personaje mitológico.
Estos escritos —narraciones, cartas y declaraciones—, seleccionados tras el importante trabajo de recopilación de los textos de Jacob que realizó la editorial francesa L’Insomniaque, van desde la época dorada de «Los trabajadores de la noche» hasta su puesta en libertad tras una larga estancia en el presidio de las Islas del Diablo. Con la excepción de «Por qué he robado», todos ellos estaban inéditos en español.
* * *
Alexandre Marius Jacob nació el 27 de septiembre de 1879 en Marsella.
Junto a otros compañeros anarquistas, entre ellos su propia madre, diseñó y puso en práctica una de las redes de «robo científico» más asombrosas del siglo pasado. Detenido en 1905, fue condenado a trabajos forzados a perpetuidad en el penal de la Guyana, condena que pudo eludir en parte, y regresar a Francia en 1928 gracias a la acción de sus compañeros y de otras personalidades. Ya más relajado, vivió trabajando como vendedor ambulante de telas, pero sin apartarse de sus afinidades anarquistas.
Aunque no se tienen pruebas que lo verifiquen, se cree que en 1936 estuvo intentando ayudar a sus amigos en Barcelona. Lo que aconteció en la vida de Jacob, tanto en este periodo, como el posterior de la ocupación nazi de Francia, sigue siendo un misterio.
Jacob se suicidó el 28 de agosto de 1954 en Bois-Saint-Denis, donde residía. Pocos días antes de quitarse la vida, dirigió a sus amigos estas últimas palabras: «Os dejo sin desesperación, con la sonrisa en los labios y la paz en el corazón. Sois demasiado jóvenes para poder apreciar el placer que proporciona irse gozando de excelente salud, burlándose de todas las enfermedades que acechan a la vejez. Allá están todas estas asquerosas reunidas, listas para devorarme. Pero voy a defraudarlas. Yo he vivido y ya puedo morir».
Por qué he robado
y otros escritos
Traducción de Javier Rodríguez Hidalgo
[pepitas de calabaza ed.] · Logroño, septiembre de 2007 ·
Antes que verme enclaustrado en una fábrica, como en una cárcel, antes que mendigar aquello a lo que tengo derecho, he preferido sublevarme y combatir metro a metro a mis enemigos, haciendo la guerra a los ricos, atacando sus bienes. Cierto, puedo concebir que ustedes habrían preferido que yo me sometiera a sus leyes; que, como obrero dócil y acobardado, hubiera creado riquezas a cambio de un salario irrisorio y, cuando mi cuerpo estuviese gastado y mi cerebro embrutecido, me hubiera ido a morir a una esquina de la calle. Entonces no me llamarían «bandido cínico», sino «honrado trabajador». Valiéndose de la adulación, ustedes me habrían otorgado incluso una medalla al trabajo. Los curas prometen un paraíso a sus estafados; ustedes son menos abstractos y por eso ofrecen un trozo de papel mojado. Les agradezco mucho tanta bondad y tanta gratitud, señores. Prefiero ser un cínico consciente de sus derechos que un autómata o una estatua. […]
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Alexandre M. Jacob ha sido, hasta la fecha, uno de los más célebres bandidos anarquistas de todos los tiempos. Sus peripecias vitales han dejado necesariamente una poderosa huella: la red de «robo científico» que tejió junto a sus compañeros ha servido de inspiración en más de una ocasión a la literatura —los casos más sonados son Arsenio Lupin y El ladrón de Georges Darien—, y su actitud ha influido en la forma de actuar de diferentes generaciones de rebeldes sociales desde entonces hasta nuestros días.
Los textos que en este libro aparecen recogidos, escritos todos con posterioridad a su detención, nos dan una visión clara de la clase de hombre que era y de los motivos que impulsaban su actividad. Sus explicaciones, como sus actos, son de una claridad meridiana: nada mejor que sus propias palabras para apartar de nuestra vista la cortina de humo que convierte la actividad de un hombre consecuente en un personaje mitológico.
Estos escritos —narraciones, cartas y declaraciones—, seleccionados tras el importante trabajo de recopilación de los textos de Jacob que realizó la editorial francesa L’Insomniaque, van desde la época dorada de «Los trabajadores de la noche» hasta su puesta en libertad tras una larga estancia en el presidio de las Islas del Diablo. Con la excepción de «Por qué he robado», todos ellos estaban inéditos en español.
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Alexandre Marius Jacob nació el 27 de septiembre de 1879 en Marsella.
Junto a otros compañeros anarquistas, entre ellos su propia madre, diseñó y puso en práctica una de las redes de «robo científico» más asombrosas del siglo pasado. Detenido en 1905, fue condenado a trabajos forzados a perpetuidad en el penal de la Guyana, condena que pudo eludir en parte, y regresar a Francia en 1928 gracias a la acción de sus compañeros y de otras personalidades. Ya más relajado, vivió trabajando como vendedor ambulante de telas, pero sin apartarse de sus afinidades anarquistas.
Aunque no se tienen pruebas que lo verifiquen, se cree que en 1936 estuvo intentando ayudar a sus amigos en Barcelona. Lo que aconteció en la vida de Jacob, tanto en este periodo, como el posterior de la ocupación nazi de Francia, sigue siendo un misterio.
Jacob se suicidó el 28 de agosto de 1954 en Bois-Saint-Denis, donde residía. Pocos días antes de quitarse la vida, dirigió a sus amigos estas últimas palabras: «Os dejo sin desesperación, con la sonrisa en los labios y la paz en el corazón. Sois demasiado jóvenes para poder apreciar el placer que proporciona irse gozando de excelente salud, burlándose de todas las enfermedades que acechan a la vejez. Allá están todas estas asquerosas reunidas, listas para devorarme. Pero voy a defraudarlas. Yo he vivido y ya puedo morir».
9.09.2007

OS VERMELHOS
«Notas de dois refractarios»
Somos dos refractarios.
Refractarios a todas las complejas nociones de una sociedad dogmática y opresiva; refractarios a la Convención, a la Ley, al Arbitraje, al Poder, a la Tradición, a la Instrucción, a todos los grilletes del Pensamiento; refractarios en nombre de la Libertad absoluta, de la Consciencia libre, del Examen libre, de la Palabra libre, de la individualidad humana libre y autónoma como la propia Idea libertada; refractarios por necesidad natural del espíritu y también por imposición irresistible de momento, porque la juventud canta todavía en nuestro pecho una embriagadora estrofa de Revuelta.
Ahora, esta necesidad tiene que manifestarse, esta imposición se tiene que satisfacer, tan positivamente como se procura saciar las exigencias del estómago o requieren comunicarse los efectos del corazón.
La página escrita es una boca que habla; quien lee, un oído a la escucha. Pero, ¿el carácter activo del Pensamiento implica una noción pasiva del Arte? El Arte no es un fin, como no es un principio; es un medio, un instrumento, sin embargo de maravillosos recursos, pero inanimado, frío, inútil mientras una Idea, integrándose en él, como un corazón, no le comunique su vida. Es necesario refutar, esto es, poner las cosas en su lugar: el “Arte por el Arte” es una palabrería sonora que reduce el trabajo de la inteligencia a una quincallería de espíritu. ¿Que es un placer? Será. Pero ese placer, que representa un lujo de refinolis, alcanza las proporciones de un abuso de confianza con frases más falsas que si fuesen de latón. ¡Nosotros sólo reivindicamos el Arte llamado a ser, en nuestros días, una boca inspirada de Revuelta!
Como enfurecido viento, allá va la Idea rasgando convenciones, ultrapasando fronteras. Mientras los déspotas obligan a la prensa a hablar según sus conveniencias. A vuelta de ella se congregan especulaciones y ambiciones. El capitalista vio una mina a explotar; el ambicioso un medio de realizar sus deseos; el detractor un camino para sus fines.
Desde la alborada del sol de la existencia hasta la negrura de la muerte fría como la noche, todo es oscuro en el taller de esta vida. El Estado registra los nacimientos y la Convención viene a apoderarse de ellos. ¿Qué es el Estado? Una especie de ómnibus donde pagamos para tener un lugar, pero que nos oprime y nos molesta. ¿Y qué es la Convención? El propio Estado, y todos los deberes sociales. Este Estado que nos exige un impuesto para su manutención, es la culpa de todos nosotros, los sin culpa.
Fue hace tiempo que se creó este sujeto llamado Dinero, para el intercambio de producciones. Era así una especie de pago que recibía sólo aquello que valía, ni más ni menos. Un bonito rapaz, muy amoral y muy tierno, de rostro color del oro, ingenuo, bien mandado. Así anduvo algunos años, hasta que creció, y con el crecimiento le vino la bellaquería. Entró entonces a comprar propiedades y pagar por trabajos penosos, se hizo patrón de fábricas y señor de establecimientos, contrató sirvientes y dio órdenes. Se arrogó el título de Capital.
Un bonito día, lleno de poder, dictó reglamentos, prescripciones, leyes... y mandó. Esto es, se alzó en autoridad suprema.
Hubo, no obstante, un momento en que fue preciso dividir el poder entre varios, a fin de facilitar la obediencia. Subdividida la autoridad, vinieron nuevas leyes y nuevas órdenes. Era una clase que mandaba. De ahí vino el juego de las convenciones sociales. El hecho es que fue él el inventor del Poder, en nombre de esa cosa que se llama la Posesión.
Ahí está, pues, la vida del inofensivo mozalbete, lindo como los amores, dorado como el sol y bellaco como pocos.
Fue él el creador de la Autoridad. Pero, ¿qué es la Autoridad? Es el Poder reconocido. Es una convención. Puede ser tanto hombre como una cosa cualquiera. Representando al Capital y a la Ley, es una fuerza, porque tiene el pan y el castigo. Representando a un hombre, no es nada.
Se recibe el pan a cambio de un servicio; se admite el castigo en la persuasión de una culpa.
Puede suceder que algunas veces un hombre no puede trabajar, y de ahí, está imposibilitado para prestar servicios a la Sociedad. Pero la sociedad que fue hecha a la fuerza no admite flaquezas. Porque la Sociedad, a semejanza de un batallón, camina a marchas forzadas, a la orden de una voz. Marcha para conquistar el oro. Dentro de su orientación no se reclama cerebro, se exigen brazos. Y ahí está lo que es la ley fundamental de la Sociedad: trabajar para otros. Porque la Autoridad sirve para celar el cumplimiento de esa ley. Y como la fuerza del número impera, los acuerdos no se hacen con cabeza, se cuentan por las barrigas.
Pero la única ley de la Naturaleza es el amor libre, y la única ley fundamental del Universo es la Naturaleza. Para no ver esto es que se cursa Derecho en las Universidades, y se medita después mucho tiempo, fingiendo excelencia de raciocinio. Decididamente, ¡o nos encontramos con la Estupidez o nos medidos con la mala fe!
Ahora, para que esto cambie, se requiere apenas bom-senso. Después, un acuerdo mutuo de asociados. Por eso, para que uno pueda desarmar el ómnibus, no basta trabarlo, es preciso partirle las ruedas. Pero antes de eso, mientras arriesgas la piel, llama a los compañeros, porque ya adquirió velocidad desenfrenada.
Es el sino de tu piel andar siempre en riesgo. O esperas y te dejas la barriga pegada a la espalda, o te pones manos a la obra y puedes dejarte el espinazo bajo del carro.
Y si no, ¡de frente, esclavo, paciente y verdugo! La imagen del calabozo, la visión del presidio, el hábito de la obediencia sin discusión, la idea de que esto fue siempre así y ha de continuar siéndolo... La paz podría llegar a servirse de los labios de los déspotas para reproducirse por el mundo anunciando con la dulce influencia de su nombre la alienación del Futuro.
FERNANDO REIS
MAYER GARÇÃO
Lisboa, 1899
(traducción de Rao Cuter)
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